Sabemos que aprender idiomas, y sobre todo el inglés, es vital. Aún así buscamos alternativas para no tener que dejar nuestra zona de confort:“buscaré una academia y lo aprenderé sin salir de casa”, “quizás encuentre un trabajo donde no se necesite tanto inglés”… las excusas son interminables.
La cuestion es que sí hay que aprender idiomas, sobre todo el inglés, y para aprenderlos bien hay que salir al extranjero. Porque es difícil imaginar un trabajo donde tarde o temprano no se necesite el inglés, no para salir del paso sino con un buen nivel, si seguimos los standards de Cambridge un “advanced” o equivalente es el que se recomienda la mayoria de las veces.
La buena noticia es que aunque todos los comienzos son difíciles, y se suele tardar entre uno y dos meses en adaptarse a una nueva cultura, todos nos comentais al volver que nada ha sido tan gratificante.
El entrar en una nueva cultura es un privilegio. Y el idioma es el vehículo, la llave que nos proporcionará conocerla íntimamente. Sus comportamientos, sentido del humor, valores, hábitos, intereses… Al cabo de unos meses nos habremos imbuido de su cultura, muchas veces imperceptiblemente, porque de repente un dia estaremos cómodos donde nos sentiamos unos extraños; ésa es la magia de vivir un idioma.
Pero el aprenderlo no sólo nos ofrece la posibilidad de comunicarnos o encontrar un mejor trabajo, sino que nos proporciona una experiencia vital. La mayoria nos comentais que os ha dado la posibilidad de conoceros mejor y saber lo que quereis. Vuestro proyecto de futuro se hace más claro.
Esto es así por una serie de razones. Para muchos es la primera oportunidad de estar fuera de casa y lejos de vuestros amigos. El pasar tiempo fuera nos ayuda a saber mejor lo que queremos, sin presiones, sencillamente crecemos como individuos. En resumen, hay pocas cosas que nos ofrezcan tanto en tan poco tiempo.
La experiencia se hace más enriquecedora cuanto mayor sea el tiempo que podamos permanecer en el extranjero. Entre 6 meses y 1 año es lo mínimo recomendable para lograr un cierto dominio del idioma, a pesar de haber empezado de cero.